sábado, 17 de noviembre de 2012

Escada Lembranzas: El Orígen


    
   Algunas pocas veces el vino además de producirnos sensaciones puede ser capaz de emocionarnos, de otorgarnos generosamente el don del recuerdo perdido, de trasladarnos en el tiempo y de regalarnos sentimientos guardados en nuestro subconsciente. Los vinos capaces de tener esta cualidad los podemos situar en un lugar especial dentro de la jerarquía de la excelencia, ocupando el peldaño más alto en la escalera de nuestra propia alma.
 
   Escada Lembranzas es el sueño embotellado de nuestros sentidos, de nuestros recuerdos.
 
   Elaborado de manera tradicional, a conciencia, exprimiendo del fruto de la vid el máximo trabajo del hombre, arte y sentimiento expresado en vino.
 

¿Por qué crear este vino?


     A veces en la vida concurren excepcionalmente circunstancias proclives a este propósito, dosis de ambición por lo sublime y ganas de expresar muchas cosas, reconocimiento a una variedad de uva generosa, cepas centenarias que han visto en vida más que cualquier hombre, refugio de sabor de muchos años y espíritu creador por parte de la bodega.
 
 
¿Cómo se llega a un vino como Lembranzas?


     Se llega por ambición y por ansias de superación. Por infinita y desesperada búsqueda de lo que conocemos como "máximo".
 
    Tras la cosecha 2011 en la que la naturaleza nos regaló en Valdeorras tanta cantidad y tanta calidad en sus uvas nos dimos cuenta de que entre nuestra garnacha ( que tanto trabajo y sacrificio nos da su cultivo ) se encontraba un pequeño volumen, de apenas unos cientos de litros de vino y que tuvimos que elaborar por separado de manera artesanal por motivos no previstos, que nos ofrecía en cata unas aptitudes realmente maravillosas. Conscientes de esta vocación inicial del vino nos dimos cuenta claramente que se trataba de algo especial, una oportunidad única para moldear una promesa y convertirla en realidad.
 
    Así es como le otorgamos a estos apenas 400 L de garnacha tintureira una estancia acomodada en las mejores barricas de la bodega, dejando desarrollar durante 9 meses la expresión de lembranzas.
 
    Definimos 9 meses por el tiempo mágico y maravilloso en el que se forma la vida humana, este proceso de gestación en bodega tuvo varias fases;
 
    1 mes de estancia en depósito como transición al ciclo de maduración en barrica, en este periodo le otorgamos al vino pequeñísimas dosis de oxígeno,  quizás el oxígeno del que hoy vamos careciendo,  por los paulatinos aumentos de anhídrido carbónico en
la atmósfera y el calentamiento global, y que hace años conformaba un aire más limpio.
 

    3 meses en barrica Allier de tostado medio donde se concibió el futuro carácter del vino, primeras estructuras del poderoso esqueleto del Lembranzas.
 
    3 meses en barrica Limousin de tostado medio plus para desencadenar en el vino su complejidad y brutalidad aromática.
 
    2 meses en depósito de acero para que por sí solo fuera cobrando integridad y finura, reorganización de equilibrios de sus componentes, de sus sistemas aromáticos y de su plenitud generosa.
 
    Todos los movimientos del vino se hicieron por gravedad, manualmente y en ausencia de bombas, cabe decir también que hubo que desarrollar un ingenioso sistema inter-barricas dado que 400 litros no llenan una barrica francesa de 500 y tampoco caben en una de 300.
 
    Tras comprobar que el vino estaba en posesión de todas sus cualidades procedimos a filtrarlo muy suavemente por placas de celulosa para retirar todo aquello que el vino no quería y que había precipitado durante su última fase y lo embotellamos a primeros de Agosto, allá cuando se produce el envero de las uvas en el viñedo y éstas toman su color.
 
    Durante los 2 meses siguientes hemos comprobado su asentamiento en botella y hemos confirmado su positiva evolución otorgando en esta cuarentena el tiempo de adaptación necesario al nuevo vino recién nacido para evolucionar en redondez los próximos 12-15 años.
 
    Así nace el Escada Lembranzas y así comienza su vida.
 
 
 
HISTORIA DE UN NOMBRE Y UNA ETIQUETA

 
    En un principio pensamos en ponerle un nombre muy acorde a su variedad, lo llamamos durante meses Lagar de Nacha. Todo estaba definido para llevar este nombre en la etiqueta. Pero no quisimos dejar atrás la finca de la cual procede; ESCADA, y cierto amigo de la bodega viajó hasta aquí para probarlo encontrando en sus características sensoriales un reencuentro con el pasado.

    El vino le trasladaba ineludiblemente a los aromas y sabores que en su memoria permanecieron durante muchas décadas recordándole los vinos que hacía más de 40 años había bebido de un amigo suyo de Valdeorras, este amigo suyo, ya desaparecido, resultó ser un antiguo propietario de la misma viña donde hoy seguimos cultivando la misma garnacha de entonces. Las mismas cepas 40 años más viejas. Y alguien fue capaz de reconocerlas a través del vino. Alguien fue capaz inconfundiblemente y de la manera más fortuita de reencontrarse con el pasado, un pasado con nombre y apellidos y con la misma morada; las cepas centenarias de la finca Escada.

    Nuestro amigo se emocionó por que los recuerdos se volvieron impresiones, se volvieron nuevamente reales y perceptibles, con las mismas sensaciones después de 40 años.

    Es por ello que decidimos poner el nombre de Lembranzas (Recuerdos), de esta manera y también por ley el vino mismo había elegido su propio nombre a través de nuestro amigo.

    Y hubo que pensar en una etiqueta y nos inspiramos en una simple foto de una escada (escalera) vieja, en concreto en esta;

 

Y le dimos formas muy estilizadas hasta simplificar al máximo y llegar a esto;
 

 
 
Y finalmente le dimos sentido a la etiqueta;
 



 
                              Alan de Val.